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Complementos alimenticios: ¿cuál necesitas realmente?

Ilustración sobre complementos alimenticios: cápsulas y consejos del farmacéutico - Farmacia Gil Pérez

Magnesio para el cansancio, melatonina para dormir, omega-3 para el corazón, proteína para el gimnasio… En el mostrador nos preguntan por complementos alimenticios casi a diario, y la oferta en el lineal es enorme. Aquí tienes una guía rápida para entender qué hace cada uno — y por qué el consejo del farmacéutico pesa tanto como el propio producto.

Antes de nada: no todos sirven para lo mismo

Un complemento alimenticio no es un medicamento: refuerza la dieta en situaciones concretas, pero no sustituye una alimentación equilibrada ni un tratamiento prescrito. En la farmacia solemos organizarlos según el objetivo del cliente, y estos son los que más se piden:

  • Descanso y estrés: melatonina, magnesio, valeriana, pasiflora.
  • Digestión: probióticos, prebióticos, enzimas digestivas, fibra.
  • Defensas: vitamina C y D, zinc, própolis.
  • Ánimo y concentración: vitaminas del grupo B, Ginkgo biloba.
  • Control de peso: siempre acompañando a la dieta y el ejercicio, nunca en su lugar.
  • Salud cardiovascular: omega-3, coenzima Q10, fitoesteroles.
  • Rendimiento deportivo: creatina, proteína, cafeína, electrolitos.

Los tres que más nos pedís: magnesio, omega-3 y melatonina

Magnesio. Interviene en el cansancio, la función muscular y el sistema nervioso, entre otras muchas funciones. Tiene sentido valorarlo si tu dieta se queda corta en legumbres, frutos secos o cereales integrales, o en épocas de estrés o ejercicio intenso. Dos cosas a mirar: la cantidad real de magnesio elemental por dosis (no toda sal de magnesio aporta lo mismo) y que conviene separarlo de ciertos medicamentos, como algunos antibióticos, la levotiroxina o los bifosfonatos.

Omega-3. No es lo mismo «aceite de pescado» que EPA + DHA — fíjate en los miligramos reales de estos dos ácidos grasos, no solo en el tamaño de la cápsula. Es útil sobre todo para mantener niveles normales de triglicéridos y para el funcionamiento del corazón; en el embarazo y la lactancia, el DHA además apoya el desarrollo del cerebro y la vista del bebé. Si tomas anticoagulantes o antiagregantes, consúltalo antes.

Melatonina. Ayuda a reducir el tiempo que tardas en dormirte y a llevar mejor el jet lag — no es un sedante ni un somnífero. En España, por debajo de 2 mg al día tiene la consideración de complemento alimenticio; a partir de esa dosis pasa a ser medicamento. Si el insomnio se alarga más de tres o cuatro semanas, mejor no alargar la automedicación y consultarlo.

Y si haces deporte…

La suplementación deportiva es de las áreas con más mitos. De los ingredientes disponibles, la creatina monohidrato es el que cuenta con más evidencia sobre fuerza y potencia, especialmente en deportes explosivos. La cafeína retrasa la sensación de fatiga y mejora la concentración; los electrolitos y los hidratos de carbono tienen sentido en esfuerzos de más de una hora, sobre todo con calor o sudoración intensa; y la proteína ayuda en la recuperación y en la ganancia de masa muscular.

Dos recordatorios importantes: ningún complemento sustituye una alimentación variada ni un buen entrenamiento, y no deben usarse en menores de 12 años.

El papel del farmacéutico

Con tanta oferta, lo que de verdad marca la diferencia no es el complemento de moda, sino el criterio detrás de la recomendación: elegir según tu objetivo real, revisar la dosis y la calidad del producto, evitar que se solape con otros complementos o con tu medicación habitual, y saber cuándo un síntoma necesita al médico y no un complemento.

Si tienes dudas sobre cuál te conviene, pregúntanos en la farmacia — es justo el tipo de consulta donde un buen asesoramiento evita gastar en algo que no necesitas.

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Firmado por Fernando Gil Pérez

Farmacéutico titular de Farmacia Gil Pérez · Colegiado nº 1269

Licenciado en Farmacia (USC) · Máster en Dermofarmacia y Formulación (AMIR) · Graduado en Nutrición Humana y Dietética (UCAV) · Máster en Nutrición (Universidad de Granada) · Especialista en Ortopedia (USC)

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SPF 30 o SPF 50: ¿Cuál elegir según tu tipo de piel?

Cada verano surge la misma duda en el mostrador: «¿me llevo el de 30 o el de 50?». La diferencia no es tan grande como mucha gente cree, pero sí importa saber elegir bien según tu piel y tus hábitos al sol.

Qué significa realmente el número del SPF

El SPF (Factor de Protección Solar) mide cuánto tiempo tarda tu piel en quemarse con protector, comparado con sin él. En términos de filtrado de rayos UVB:

  • SPF 30 bloquea aproximadamente el 96,7% de la radiación UVB
  • SPF 50 bloquea aproximadamente el 98%

La diferencia real entre ambos es de poco más de un punto porcentual — mucha gente se sorprende al saberlo, porque intuitivamente parece que 50 protege «el doble» que 30, y no es así.

Entonces, ¿por qué existe el SPF 50?

Aunque la diferencia de filtrado parezca pequeña, en la práctica sí importa, sobre todo por dos motivos:

  1. Nadie aplica la cantidad correcta. Los estudios de eficacia se hacen aplicando una cantidad de producto que casi nadie usa en la vida real. Al aplicar menos cantidad de la recomendada (lo habitual), la protección efectiva baja — y con un SPF más alto, ese margen de error pesa menos.
  2. Ese 2% extra de radiación bloqueada sí es relevante para pieles muy claras, con antecedentes de manchas, melasma, o alto riesgo de quemadura.

Entonces, ¿cuál elijo?

SPF 50, si tienes:

  • Piel muy clara o que se quema con facilidad
  • Antecedentes de melasma, manchas o tratamiento dermatológico activo (retinol, ácidos exfoliantes)
  • Vas a exponerte de forma prolongada (playa, montaña, deporte al aire libre)
  • Estás embarazada (el melasma gestacional es muy sensible al sol)

SPF 30 es suficiente si tienes:

  • Piel morena o que broncea con facilidad, sin antecedentes de manchas
  • Exposición cotidiana (ir y venir del trabajo, paseos cortos), no exposición prolongada directa

Lo que de verdad marca la diferencia (más que el número)

Sea 30 o 50, esto importa más que el número en sí:

  • La cantidad que aplicas. La mayoría de gente aplica menos de la mitad de lo necesario.
  • La reaplicación. Ningún protector dura «todo el día» — hay que repetir cada 2 horas, y siempre después de bañarse o sudar mucho.
  • La fecha de caducidad. Un protector solar del año pasado, abierto, pierde eficacia.

Nuestra recomendación

En caso de duda, y sobre todo si tienes piel clara o algún tratamiento dermatológico en marcha, iríamos a lo seguro con un SPF 50. Si tu piel broncea con facilidad y tu exposición es más cotidiana que intensiva, un SPF 30 bien aplicado es perfectamente suficiente.

Si tienes dudas sobre cuál te conviene según tu piel concreta, pregúntanos en la farmacia — es justo el tipo de consulta donde el asesoramiento personalizado marca la diferencia frente a comprar a ciegas.

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Firmado por Fernando Gil Pérez

Farmacéutico titular de Farmacia Gil Pérez · Colegiado nº 1269

Licenciado en Farmacia (USC) · Máster en Dermofarmacia y Formulación (AMIR) · Graduado en Nutrición Humana y Dietética (UCAV) · Máster en Nutrición (Universidad de Granada) · Especialista en Ortopedia (USC)